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Su cuerpo estaba sudoroso y sus piernas flojeaban pero no su voluntad. Más flojearon aun cuando él se corrió en ella y su semen manó como el vino entre sus piernas.
- ¿Estáis agotado, mi señor? – le preguntó con cierta sorna y Holofornes la miró fascinado.
- El general de las tropas asirias puede dar más de sí – le contestó con una sonrisa.
Ella le devolvió la sonrisa pero reconoció para sí misma que pocos amantes podían haber dado tanto de sí... y llevó su boca a su pene para recoger aquel dulce y blanco mana que lo cubría. Una vez que la polla asiria estuvo erecta de nuevo, y no tardó demasiado en conseguirlo, se sentó sobre él para manipularlo con su mano e introducirlo dentro de ella. Judit era una mujer exigente con sus amantes y movió sus graciosas caderas sobre él para ver hasta dónde podía dar de sí el vigoroso asirio.
No fue en absoluto defraudada porque él resistió largo rato antes de correrse de nuevo y le dio mucho placer mientras movía sus caderas montándole como a un caballo. Pero acabó por correrse y ahora sí que consiguió secar aquel manantial entres sus piernas ya sobradamente húmedas por su propia humedad y el semen de antes.
El asirio cerró los ojos dejándose llevar por la ola que arrastra las últimas sensaciones del placer. Tenía decidido que aquella mujer sería suya.
Cuando de nuevo abrió los ojos, apenas dispuso de un instante para contemplar a su amante, sudorosa y con una expresión fiera y decidida, mientras sostenía su propia espada con ambas manos. No tuvo tiempo de reaccionar porque ella descargó entonces el arma con todas sus fuerzas y cortó de un perfecto tajo su cuello de toro, y la cabeza de Holofornes, todavía con una sonrisa de placer en los labios, cayó al suelo. Judit contempló el cuerpo vigoroso y desnudo del general y lo admiró, habiéndole dado tanto placer. Reconoció que era tan cruel como perfecto amante y dio entonces otro corte en la entrepierna para quedarse con lo mejor que había en el asirio... Luego se vistió y, ocultando la cabeza del general bajo su túnica, salió de la tienda. Dirigió una sonrisa insinuante a los centinelas que no habían dejado de pensar en las maravillas que disfrutaría su líder en aquella tienda...
A la mañana siguiente los oficiales asirios encontraron el cuerpo de su líder desnudo y decapitado en un lecho De sangre. Fue el principio de la confusión. Los asirios se sentían aterrados y más lo estuvieron cuando divisaron la cabeza de Holofornes empalado en las murallas de Betulia. Se sintieron furiosos porque la ramera hebrea había asesinado a su general, pero había mucha confusión y discordias que entre los oficiales; también había un ejercito hebreo a las puertas de la ciudad y el sitio fue levantado con mucho apresuramiento para regresar humillados a Asiria.
En Betulia la alegría fue inmensa y hubo grandes festejos para celebrar la marcha de los asirios. La vilipendiada Judit se convirtió en la heroína de la ciudad y de todo Israel. Desde luego siguió disfrutando de su alegre vida y no le faltaron nunca amantes, pero ahora ella pasaría a pertenecer a la memoria del pueblo del Israel y su historia quedaría entre las hojas del libro sagrado de los judíos, si bien algo deformada porque su lujuria era difícil de digerir para el pueblo más puritano de la Antigüedad...
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